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Indicadores educativos

España figura entre los países con menor autonomía escolar

  • Un informe vincula la responsabilidad de los centros con el rendimiento académico pero advierte de los riesgos para la equidad del sistema

España figura entre los países con menor autonomía escolar El gráfico extraído del informe muestra el porcentaje de atribución de responsabilidades

España figura como uno de los países con menor autonomía escolar en el conjunto de la OCDE. La responsabilidad de directores y profesores en la toma de decisiones se vincula con una mejora del rendimiento académico en los centros educativos, aunque los expertos advierten de la necesidad de realizar evaluaciones internas y rendir cuentas.

Los datos del informe PISA de 2015 atribuyen a España un índice de autonomía escolar del 57,5%, muy por debajo de la media de la OCDE, del 71,3%, y de países con niveles por encima del 90% como Países Bajos, Reino Unido o República Checa, tal y como recoge el estudio Indicadores comentados sobre el estado del sistema educativo español 2017, presentado por las fundaciones Sociedad y Educación y Ramón Areces y en el que once expertos analizan y proponen líneas de mejora de la Educación en España.

Algunas de estas propuestas se centran en la autonomía de la que disponen los centros educativos. De acuerdo con los datos analizados, en España los directores y los profesores tienen el 30% de responsabilidad sobre los recursos económicos y humanos, frente al 42% de la media de la OCDE; un 56% (frente a un 66%) sobre el plan de estudios; un 57% (frente a un 68%) sobre las evaluaciones de los estudiantes y un 19% sobre las admisiones de los alumnos, en comparación con el 67% de los países desarrollados.

Mientras que en España son las administraciones educativas las que asumen mayores responsabilidades sobre los recursos y la política de admisión de estudiantes, las juntas directivas de los centros tienden a identificar como principal área de responsabilidad la política disciplinaria de los estudiantes. Más concretamente, los directores asumen en mayor medida la disciplina de los alumnos, los recursos y las políticas de evaluación, mientras que los profesores actúan sobre el currículo y la evaluación de los estudiantes.

Riesgos y beneficios

El informe recuerda los posibles beneficios que una mayor autonomía tiene en el rendimiento académico aunque recuerda que, para ello, los sistemas educativos deben contar con mecanismos de rendición de cuentas eficaces y que se debe potenciar la actitud responsable de directores y profesores a la hora de diseñar y aplicar evaluaciones internas rigurosas.

En este sentido, el analista del Institut Català d’Avluació de Polítiques Públiques (Ivàlua) Miguel Ángel Alegre apunta que “la autonomía no es en sí misma ni buena ni mala, depende de cómo se ejerza”, de modo que también puede tener consecuencias negativas para la equidad del sistema y “agravar la desigualdad entre los resultados y condiciones de escolarización de alumnos, centros y entornos socialmente desiguales”.

Así, añade que las investigaciones han demostrado que la segregación escolar aumenta donde las escuelas tienen un cierto grado de autonomía en el proceso de admisión, un hecho al que puede contribuir la propia diversificación curricular o una autonomía pedagógica a través de la cual los centros pueden aprovechar para definir un proyecto diferenciado y enfocado a las familias que específicamente pretenden atraer.

Igualdad, calidad e innovación

Para ejercer la autonomía de forma efectiva, el analista sostiene que las escuelas requieren recursos (materiales, de conocimiento o de capital humano) adecuados a la realidad del alumnado que escolarizan (sobre todo en entornos desfavorecidos) y que deben existir una serie de garantías, por ejemplo para evitar las prácticas selectivas en el proceso de admisión de alumnos. Aunque el marco legal español y de las distintas comunidades autónomas limita esta posibilidad en las escuelas sostenidas con fondos públicos, defiende la aplicación de mecanismos de control para evitar que estas prácticas se realicen de forma encubierta o indirecta.

En todo caso, la autonomía escolar no asegura por sí sola la mejora de la calidad y de los resultados de los alumnos, destaca Alegre, quien subraya que sí abre la puerta a la introducción de nuevas estrategias docentes o cambios curriculares que deben ser evaluados de forma rigurosa. “Es necesario documentar la implementación de los programas de innovación pero también determinar su impacto a corto y medio plazo sobre los resultados académicos y sobre las competencias cognitivas y no cognitivas de los alumnos, así como su eficiencia económica”, concreta en su análisis.

En otra reflexión sobre el liderazgo en los centros, el presidente de la Fundación Sociedad y Educación, Miguel Ángel Sancho, señala que sólo es efectivo cuando se puede ejercer la función directiva en un marco de autonomía. Una condición necesaria, pero no suficiente, para la mejora en los resultados de los alumnos y de los centros educativos, ya que tiene que ir asociada a sistemas de control (rendición de cuentas), profesores cualificados y un fuerte liderazgo para diseñar currículos y evaluaciones internas, puntualiza.




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Periodista especializada en Educación, Universidad e Investigación.