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Sistema universitario

La universidad se hace más eficiente pero necesita reformas, señala el Informe CYD

  • España recorta diferencias respecto a Europa en la tasa de ocupación y de paro de los titulados, aunque hay sobrecualificación en los trabajos

La universidad se hace más eficiente pero necesita reformas, señala el Informe CYD La presidenta de la Fundación CYD, Ana Botín, durante la presentación del informe

Las universidades españolas han aprendido a gestionar su actividad con menos recursos y han conseguido mejorar su eficiencia durante los años de crisis. La financiación, la incorporación de talento y la eliminación de las barreras normativas son ahora los principales retos para alcanzar objetivos más ambiciosos, apunta la última edición del Informe CYD.

La decimotercera edición del estudio elaborado por la Fundación Conocimiento y Desarrollo pone de manifiesto que la universidades han empezado a recibir el impacto positivo de la situación económica. Sin embargo, advierte de que a pesar de que el año 2015 supuso una inflexión positiva de las disponibilidades presupuestarias (con un incremento del 3% de los ingresos y los gastos), no se ha conseguido compensar la acusada disminución registrada desde el año 2009.

Una vez que las instituciones académicas han aprendido a gestionar su actividad con menos recursos económicos y humanos, el reto reside ahora en mantener los niveles de eficiencia y conseguir objetivos más ambiciosos que eleven la posición del sistema universitario español en el contexto internacional. En este sentido, el informe indica que las universidades españolas todavía muestran rendimientos inferiores a las del conjunto del mundo y, en particular, de la UE, en cuanto a actividad investigadora, transferencia, orientación internacional (salvo en la movilidad de estudiantes) o tasas de graduación de grado.

Las universidades deben contribuir a la transformación y la competitividad internacional de la economía española y, para ello, deben tener capacidad para mejorar su financiación, incorporar talento y reducir las barreras normativas, añaden los responsables del documento, que insisten en este sentido en la necesidad de afrontar una reforma que permita dotar a la universidad de una mayor autonomía, flexibilidad y capacidad ejecutiva.

Endogamia y PDI

En la recuperación de los recursos que se ha producido en el sistema universitario español se incluye la del personal docente e investigador (PDI), que alcanzó en el curso 2015-2016 las 118.094 personas, lo que supone un aumento del 2,4% respecto al curso anterior (2014-2015), en el que ya se había registrado un leve ascenso del 0,3%. También el personal de administración y servicios (PAS) obtuvo por primera vez una variación anual positiva del 1% hasta alcanzar los 59.404 trabajadores.

No obstante, el informe llama la atención sobre la endogamia del profesorado universitario o, si se quiere, la elevada tasa de permanencia de profesores que desarrollan su actividad en la universidad en la que se doctoraron. En concreto, en el curso 2015-2016 el 69,1% del PDI de las universidades presenciales españolas trabajaba en la misma universidad en la que había leído su tesis doctoral. Tampoco la calidad investigadora arroja grandes resultados, ya que el 23,8% del funcionario de carrera de las universidades españolas no tenía aprobado ningún sexenio de investigación, y menos de la mitad (el 45,4%) había solicitado y obtenido todos los sexenios posibles desde que leyó la tesis.

Empleabilidad de los titulados

Mejores conclusiones se extraen de la evolución de la tasa de ocupación de los titulados universitarios, que suponen un 35,7% de la población entre 25 y 64 años y que ha conseguido recortar en dos puntos la distancia respecto a la Unión Europea (ha pasado de siete puntos en 2013 y a cinco en 2016). La tasa de paro, por su parte, se ha reducido en tres puntos (de nueve a seis en ese periodo). En 2016, la tasa de ocupación alcanzaba el 79,8% y la del paro se situaba en el 10,9%.

La formación superior mejora la empleabilidad de los jóvenes, a pesar de que se percibe un desajuste entre el nivel formativo de los graduados y el requerido por los puestos de trabajo. Y es que el 36,8% de los graduados superiores que trabajaban en 2016 lo hacían en puestos de baja cualificación, frente al 23% de la UE, lo que se atribuye a una estructura productiva que comparativamente no ofrece suficientes ocupaciones de alta cualificación y a una generación de graduados superiores que sí se encuentra entre las de los principales países europeos.

Así las cosas, el informe confirma un creciente protagonismo de las universidades privadas, en las que ha crecido el porcentaje de matriculados y el número de PDI, frente a un progresivo descenso de matriculados en estudios de grado que ha hecho al sistema perder más de 135.000 estudiantes durante cuatro cursos consecutivos. Al contrario, el número de alumnos de máster ha superado los 171.000 estudiantes desde la creación de estos estudios en el curso 2006-2007. Esta situación también ha motivado un descenso del 9,1% en el número de egresados de grado y un aumento del 20,4% de los titulados de máster en el curso 2015-2016.




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Periodista especializada en Educación, Universidad e Investigación.