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Segregación universitaria

Las mujeres se resisten a transitar por las carreras técnicas

Las mujeres se resisten a transitar por las carreras técnicas Pese a su presencia minoritaria, hay un menor abandono femenino en estas titulaciones

Un estudio realizado en el marco del proyecto europeo TRIGGER señala una marcada "segregación horizontal": estudios y mercado laborales masculinizados o feminizados.

Las ingenierías son un exponente de la llamada “segregación horizontal”, estudios y mercados laborales masculinizados o feminizados según los campos. Las mujeres son mayoritarias en áreas como Medicina, Biología o Ciencias Políticas, mientras que los hombres tienden a acaparar las carreras técnicas o tecnológicas.

Menos de uno de cada tres estudiantes de estas titulaciones son mujeres (29%), tal y como indica el estudio “Mujeres en la UPM. Estadísticas de género en la Universidad Politécnica de Madrid”, realizado en el marco del proyecto europeo TRIGGER.

A partir de las estadísticas que describen la actividad de hombres y mujeres en la universidad madrileña, el estudio concluye que la presencia femenina sigue siendo minoritaria en el ámbito de las ingenierías y las carreras técnicas, y no sólo entre el alumnado, sino en el cuerpo de catedráticos y en los equipos de investigación.

No obstante, hay una distribución muy dispar de las estudiantes, que llegan a tener una fuerte presencia en carreras como Arquitectura (60%), en las agrícolas (45%) o las de edificación (37%), pero cuya representación merma significativamente en otras como Informática (11%) o en Telecomunicaciones (22%).

Sánchez de Madariaga (izqda) y el equipo que ha realizado el estudio

Sánchez de Madariaga (izqda) con sus compañeras de equipo

Detrás de estos datos hay una serie de estereotipos sociales y culturales que consciente o inconscientemente se transmiten desde la primera infancia, según explica la coordinadora del estudio, Inés Sánchez de Madariaga. “En sus comienzos en los años 60, la Informática era una profesión femenina, eran las mujeres las que programaban porque se consideraba una actividad de escritorio, se asociaba al trabajo de las secretarias”. Pero “cuando empezó a tener prestigio, a estar mejor pagada y reconocida, los hombres fueron ocupando estos puestos y las mujeres los fueron abandonando”, relata. En España, curiosamente, este descenso coincide además con el momento en el que la Informática deja de ser una licenciatura para convertirse en una ingeniería.

Hay variaciones temporales y también geográficas, como muestra el hecho de que en Turquía la proporción de ingenieras sea más alta que, por ejemplo, en Alemania. En cualquier caso, Sánchez de Madariaga explica que, junto a los estereotipos, hay que tener en cuenta “las expectativas de las mujeres acerca de lo que socialmente está bien visto y de las oportunidades de progreso laboral que aspiran a tener”. De ahí “la importancia de que haya modelos que hagan ver a las jóvenes que tienen un campo profesional con posibilidades de desarrollo, que haya mujeres visibles con éxito profesional en las franjas altas de su carrera”.

Algo que ni siquiera ocurre en los órganos de gobierno en la Universidad, donde se constata una presencia de mujeres anecdótica en puestos electos y algo más representativa en los de libre designación, aunque en un porcentaje todavía alejado de lo deseable. Los hombres representan un 89 por ciento de los catedráticos en la UPM. “Lo tienen más fácil. En Arquitectura, con un 60 por ciento de alumnas, hay sólo dos catedráticas, igual que hace 30 años cuando el porcentaje de mujeres era muy inferior”, añade la responsable del estudio.

Y pasa lo mismo en los equipos de investigación, en los que menos de uno de cada cinco investigadores principales son mujeres, a pesar de que ellas representan casi la mitad de sus miembros. “Hay un sesgo de género en la evaluación de los méritos y eso hace que las tasas de éxito de las mujeres sean más bajas y que, por tanto, se presenten menos”.

Este sesgo negativo tiende a producirse de automática y generalizada. Sánchez de Madariaga recuerda, en este sentido, un estudio de la Universidad de Yale que demostró que, con idéntico curriculum, sistemáticamente el de los hombres tenía una evaluación más positiva y un salario de entrada más alto.

Como parte de un cambio social y cultural para erradicar estos prejuicios, la coordinadora también apela a una mayor conciencia de los orientadores escolares, en el sentido de que “hay chicas de Secundaria con una capacidad matemática y científica muy alta que podrían estudiar una ingeniería y no lo hacen”.

La cara positiva del estudio reside en que el porcentaje de mujeres que terminan sus estudios es superior al de las que los empiezan, lo que significa que hay un menor abandono, como ocurre en general en todas las universidades y campos. En el año 2013, casi el 33% de las graduadas UPM fueron mujeres, y el número de egresadas y de doctorandas aumentó hasta situarse en el 35,77% y el 29,36%, respectivamente.




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Periodista especializada en Educación, Universidad e Investigación.