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Innovación docente

“Un móvil es un laboratorio de idiomas”

  • La profesora Dolores Gómez cuenta su experiencia en el uso de herramientas digitales en la Escuela Oficial de Idiomas de Santiago de Compostela

“Un móvil es un laboratorio de idiomas” La profesora recibe la acreditación de la beca concedida por Cambridge Assessment English

Una red de 300 Escuelas Oficiales de Idiomas distribuidas por toda España facilitan a la población adulta la formación en hasta más de 20 idiomas y distintos niveles de competencia. A lo largo de sus cien años de existencia, estos centros han adaptado la enseñanza a nuevas tecnologías que permiten mejorar y personalizar la experiencia del aprendizaje.

La profesora Dolores Gómez imparte clases de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas de Santiago de Compostela (A Coruña), en las que ha hecho de las herramientas digitales una parte esencial de la relación con los alumnos, compromiso que le ha valido el reconocimiento de Cambridge Assessment English y una beca para participar en la conferencia anual IATEFL (asociación internacional de profesores de inglés para lenguas extranjeras por sus siglas en el idioma), que se ha celebrado en Brighton (Inglaterra).

En su presentación, la docente relató los beneficios del reconocimiento de voz en las clases y otras aplicaciones que animan a participar a todos los estudiantes, desde los más tímidos a los de mayor edad. “Utilizo todas las herramientas tecnológicas que puedo para hacer trabajos individuales y en grupo”, asegura en entrevista posterior con Efe Escuela esta firme defensora de la innovación en las aulas. “Llevo casi 20 años en esto. Recuerdo cuando venía los veranos a Inglaterra y llevaba los casetes grabados como el santo grial. Mi vida cambió con mi primer IPod, va todo tan rápido… Hoy lo puedes hacer todo con el móvil, escuchar la radio, ver vídeo, grabar. Para mí una clase sin móviles no tiene sentido”.

En su opinión, “un móvil hoy es un laboratorio de idiomas” en el que se puede hacer de todo con solo marcarse un objetivo, ser creativo y abrir un intercambio de ideas con los estudiantes. “Trato de ayudarles lo máximo posible y asumo que todo el mundo puede, cada uno con sus características. A veces tenemos una idea equivocada de cómo se manejan los mayores de 60 años con la tecnología, cuando en realidad usan mucho el móvil en clase y no hay mucha diferencia con los más jóvenes”. Son lo que define como “herramientas de inclusión” entre generaciones: “Lo más bonito es que la gente que sabe ayuda a los que no, hay mucha colaboración intergeneracional, aprenden los unos de los otros”, subraya.

Aprendices independientes

La filosofía de trabajo de Dolores Gómez también pasa por conseguir que cada uno de sus alumnos se convierta en un “aprendiz independiente”. “Yo misma como alumna soy un poco autodidacta, compruebo lo que me funciona, escucho podcasts y audiolibros, veo Youtube, tengo alguna aplicación… me personalizo mi itinerario de aprendizaje”.

En este sentido, destaca la utilidad de las herramientas digitales para potenciar y personalizar el aprendizaje. “Los alumnos no pueden venir a muchas tutorías y también hay gente a la que le da vergüenza preguntar en clase y prefiere hacerlo por correo electrónico, por eso insisto en herramientas que dan ‘feedback’ de la expresión oral y escrita”.

Entre esos recursos, la profesora se refiere a Siri y Cortana, las inteligencias artificiales de Apple y Android con las que se puede conversar y que ayudan a mejorar la pronunciación y la comprensión oral. “Es muy divertido y útil para gente que siente angustia de que la corrijan”, apunta. También se refiere a Edmodo, plataforma tecnológica que conecta a alumnos y profesores en un entorno privado, o Kaizena, que permite introducir comentarios de voz sobre los trabajos de los estudiantes.

Cohesión social

El de Dolores Gómez es un ejemplo del trabajo de unas escuelas de idiomas que no son ajenas a las nuevas tendencias formativas y que utilizan todos los recursos a su alcance para desarrollar su inequívoca misión: “Las escuelas oficiales de idiomas tenemos una función social y cada vez recibimos más alumnos con necesidades específicas”, asegura la docente en este sentido. A su juicio, “en España no sabemos la suerte que tenemos con las escuelas de idiomas. Es como el último reducto de cohesión social”. Como muestra, relata que en su clase coinciden un abogado, personas en paro, jubilados, entre ellos un ex catedrático retirado, madres que estudian para a su vez ayudar a sus hijos o jóvenes de 17 años.

¿Y por qué estudiar un idioma? Entre otras razones porque cognitivamente es como ir al gimnasio. “Cada vez que aprendes una palabra haces una nueva conexión cerebral, nuevas neuronas, es lo que se llama reserva cognitiva y es como ahorrar en el banco. Por eso muchas terapeutas nos mandan a sus pacientes”.




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Periodista especializada en Educación, Universidad e Investigación.