Inicio /  /  Nueve prácticas claves en la innovación educativa

Informe PwC

Nueve prácticas claves en la innovación educativa

Nueve prácticas claves en la innovación educativa Las nuevas metodologías persiguen el desarrollo de las competencias básicas de los alumnos

La Fundación PwC ha presentado el informe “¿Para qué educamos?”, elaborado con la colaboración del observatorio de Educación de la Universidad Rey Juan Carlos (Ashoka) y la Fundación Cotec, y que recoge las nueve claves para el éxito escolar que aplican los centros de referencia en innovación educativa.

Todos estos centros, de acuerdo con el informe, disponen de un proyecto pedagógico que cuenta con unos objetivos, principios y una programación de recursos bien definidos. A su vez, desarrollan cinco dimensiones consideradas básicas para la formación de los alumnos como son el desarrollo personal y social, el desarrollo para el futuro éxito profesional (en aspectos como la autonomía y la responsabilidad), el desarrollo por competencias, la atención a la diversidad de los estudiantes y su participación activa en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Además de responder al objetivo de describir las demandas actuales de los actores clave en educación y de sentar los principios básicos de un nuevo modelo educativo, el informe ¿Para qué educamos? desgrana nueve prácticas comunes que los centros de referencia en innovación educativa han introducido en su dinámica diaria de trabajo y que ya han contribuido a alcanzar un éxito escolar “más amplio”.

El rol de docentes y alumnos.  En estos centros, el estudiante se convierte en un agente activo que descubre y comparte el conocimiento y el aprendizaje, mientras que en el docente prima la faceta de orientador o facilitador, una figura de apoyo que guía el proceso de investigación de cada alumno. Esto refuerza la autonomía y responsabilidad, promueve el liderazgo interno y la reflexión, al tiempo que permite una atención más personalizada por parte de los profesores.

Aprendizaje cooperativo. Se trata de una metodología que se basa en las dinámicas de trabajo grupal como parte de la identidad del centro. Cada alumno tiene una función, de manera que se establece una conexión y dependencia entre ellos, lo que facilita el desarrollo de habilidades sociales y cívicas. La comunicación constante con los profesores ayuda, además, a enriquecer este trabajo.

Aprendizaje basado en proyectos. Presente en entornos de aprendizaje cooperativo, esta técnica se centra en la resolución de preguntas o problemas expuestos por el docente o los alumnos. De esta forma se persigue fomentar la implicación y motivación de los estudiantes, que deben tomar decisiones tras los debates internos, lo que estimula su iniciativa, autonomía y una mentalidad abierta.

Atención a la diversidad. Esta práctica trata de proporcionar un entorno inclusivo en el que alumnos con diferentes capacidades y necesidades puedan desarrollar su máximo potencial. Todas las realidades conviven en un mismo espacio y se busca la adaptación individualizada de cada uno dentro del desarrollo normal del aula. De este modo, se prepara a los jóvenes para un mundo diverso.

Importancia de la tutoría. La figura del tutor gana atención y constituye uno de los elementos principales de los centros. No sólo se entiende como un tutor académico para la asimilación de conocimientos sino que se convierte en un elemento básico de la formación integral de los alumnos.

Cooperación con las familias y la comunidad. Esta filosofía de trabajo entiende que el proceso integral del alumno no se limita a la escuela sino que también intervienen la familia y la comunidad, por lo que se promueve la participación y las actividades con los demás entornos. Diversos estudios e informes avalan que el compromiso y la participación de las familias supone uno de los factores más potentes de éxito escolar.

Evaluación por competencias. Busca plasmar los resultados de la formación más allá de los rendimientos académicos. Esta evaluación, que se realiza a partir de la documentación que generan alumnos y profesores en su actividad diaria, tiene como fin último potenciar las habilidades sociales y profesionales, formar a personas íntegras y competentes, capaces de afrontar los retos y problemas actuales y futuros.

Evaluación formativa. Este modelo incide en la contribución de los procedimientos de evaluación no sólo como instrumento de medición sino como herramienta para el aprendizaje. Se busca, así, que los alumnos tengan un mayor control e implicación sobre su propio proceso de aprendizaje, que vean la importancia de lo que aprenden y adopten un enfoque de mayor profundidad en su trabajo.

Focos de evaluación. La evaluación tiene en estos centros un mayor número de enfoques con una influencia positiva en el aprendizaje y la enseñanza. A la tradicional evaluación del profesor sobre su materia se suma la autoevaluación (en la que los estudiantes evalúan su propio aprendizaje), la evaluación entre iguales (que recoge opiniones y críticas constructivas de los compañeros) y la evaluación del profesorado (en la que los profesores emiten una evaluación en conjunto). Algunos estudios han relacionado su puesta en práctica con un mejor desempeño académico.




Secciones:        
Periodista especializada en Educación, Universidad e Investigación.