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Colegios solidarios

La comunidad del Colegio Pinoalbar combate la pobreza y los desahucios

  • El proyecto “Family Mission” del Colegio Pinoalbar de Valladolid ha ofrecido ayuda a 14 familias con dificultades

La comunidad del Colegio Pinoalbar combate la pobreza y los desahucios Toda la comunidad escolar aporta y recoge alimentos y productos básicos

Conseguir trabajo a parados, ayudar en el pago de alquileres, fianzas y facturas, contribuir al suministro de alimentos y ropa o preparar desayunos en un comedor escolar son algunos de los compromisos que el Colegio de Fomento Pinoalbar ha asumido dentro del proyecto “Family Mission”.

Padres, alumnos y personal de este centro de Valladolid se han embarcado en un programa solidario que incluye ayuda económica, búsqueda de empleo, alimentación, higiene y necesidades especiales. Así, las familias con dificultades reciben ayudas para el pago de alquileres y suministros, un lote quincenal de productos frescos (entre los que no falta la carne y el pescado), productos no perecederos y de limpieza e higiene, al tiempo que cuentan con asesoramiento y bolsa de empleo para los progenitores que se encuentran en paro.

Las grandes cifras indican que el programa ya ha ofrecido atención a 14 familias (más de 50 personas directamente) y 60 escolares del CEIP Miguel Iscar. Se han atendido pagos de suministros por más de 3.000 euros, recogido y entregado más de 8.500 kilos de alimentos y productos de higiene (valorados en más de 15.000 euros), a lo que se suman ayudas al alquiler de vivienda por más de 6.000 euros, entrega de ropa valorada en más de 1.100 euros, la donación de más de 120 juguetes y más de 1.800 kilos de zumos y galletas para los niños del CEIP, así como la recaudación de 22.500 euros para diversos pagos.

DSC_0656Todo ello ha sido posible con todo tipo de contribuciones, desde pequeñas aportaciones en las huchas del colegio hasta rifas navideñas, venta de entradas y “merchandising” para los eventos deportivos, donativos extraordinarios, premios o ventas de CDs, a las que se ha llegado a sumar una campaña especial de recaudación de fondos para cubrir los gastos derivados del realojo de una familia afectada por un desahucio, explican sus promotores.

El programa suma así una lista de historias con final feliz. Un total de 14 personas han conseguido directa o indirectamente empleo a través del proyecto, y el último de ellos se incorporó hace una semana a un trabajo de jornada completa. Pero, además, “seis familias han podido abandonar el programa al haber obtenido una estabilidad e independencia económica total que les permite prescindir de nuestra ayuda”, añaden sus responsables, quienes confían en que la familia del último empleado pueda hacer lo mismo en cuatro o seis semanas.

Violencia de género

Aunque aseguran que todos los casos son especiales, entre ellos destacan el de una madre víctima de violencia de género, con un hijo adolescente y sin ningún tipo de ayuda, que vivía en un apartamento de 40 m2 y una sola habitación. Cada mes, la mujer obtenía unos 100 euros por limpieza de un hogar al que se desplazaba a pie durante más de una hora y media en cada trayecto para ahorrar los 70 céntimos del autobús. Su mayor preocupación, cuentan desde “Family Mission”, era que su hijo pudiese estudiar. Para que no bajase su rendimiento escolar, le dio la habitación con cama mientras que ella dormía en el sofá y, si la comida no llegaba para los dos, se quedaba sin comer.

Durante cinco meses, madre e hijo recibieron ayuda completa, hasta que le consiguieron un empleo por 900 euros al mes. Al cobrar su primer mes, fue ella misma la que se dirigió al colegio para pedir que le retiraran su ayuda y se destinara a otras personas que estuvieran en peor situación.

Son historias concretas dentro de un proyecto colectivo en el que las alumnas participan de forma activa, ya sea en la preparación de las cajas de las entregas, la aportación de fondos y productos, la realización de clases apoyo escolar, la venta de rifas para los eventos especiales, la recogida de alimentos o la venta de CDs. Las familias y el personal del colegio colaboran en todas estas actividades, además de facilitar oportunidades laborales propias o de sus conocidos.

Incluso en las aportaciones hay historias singulares, como la de un padre que pidió a todos los invitados de su 40 cumpleaños que sustituyesen su regalo por un donativo en dinero para el proyecto, el de una persona que destina su sueldo como monitor de una actividad extraescolar o que el dinero que sobra de los regalos en común de los cumpleaños se dedique al proyecto.

Destacan los responsables de “Family Mission” que la ayuda se coordina con los CEAS (centros de acción social) de la Diputación para evitar duplicidades. A partir de ahí, cada familia recibe una ayuda a medida, de forma que en las entregas se tienen en cuenta las necesidades específicas, por ejemplo, en cuanto al número de personas, la edad o las necesidades especiales (si hay bebés, celíacos o diabéticos). “Para la elaboración de las entregas de alimentos contamos con el apoyo de una especialista en nutrición, quien nos ha orientado desde el principio en cuanto a qué tipo de alimentos son los más eficientes para cada persona”, puntualizan.




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Periodista especializada en Educación, Universidad e Investigación.