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Inéditos de María de Maeztu y su utopía feminista cien años después

Inéditos de María de Maeztu y su utopía feminista cien años después María de Maeztu pronuncia un discurso en la inauguración de la cátedra Ramio de Maeztu en 1947. EFE

"Soy feminista, me avergonzaría no serlo", escribe María de Maeztu en 1925 en un artículo recogido en una biografía que ahora ve la luz con cartas y textos inéditos de la fundadora del grupo femenino de la Residencias de Estudiantes, que cumple cien años.

La vida en la “Residencia de señoritas”, la primera para mujeres estudiantes, y la personalidad de María de Maeztu regresan a la actualidad con la exposición “Mujeres en Vanguardia” en este centro hasta el 27 de marzo y la publicación de la biografía “María de Maeztu Whitney, una vida entre la pedagogía y el feminismo” (La Ergástula ediciones), escrito por su sobrina nieta la historiadora María Josefa Lastagaray.
Lastagaray recupera testimonios familiares, entre ellos el relato oral de su madre, Mariuca Rosales, y documentación inédita de numerosos archivos, como el de Ortega y Gasset con quien mantuvo correspondencia hasta el final de su vida.
También ha escarbado en el Archivo de la Residencia, desde donde a partir de 1915 esta feminista y pedagoga revolucionó la educación de la mujer en España y trajo la experiencia pedagógica avanzada de los colleges americanos.
“La primera tarea a realizar es la de preparar a nuestras mujeres y claro está que yo confío como único y exclusivo medio en la educación, que le dará fuerza para descubrir nuevos mundos, no sospechados hasta ahora”, explicaba María de Maeztu cuando la igualdad de la mujer era una utopía.
Hoy quizá la única de las utopías del siglo XX que se han hecho realidad, en palabras de José Varela Ortega, presidente de la Fundación Ortega-Marañón.
En la España de 1900, dice Lastagaray, el 74,1 por ciento de las mujeres eran analfabetas, frente a un 58,8 por ciento de los hombres. “A María de Maeztu, en 1908, el Colegio de Abogados de Bilbao la impidió ejercer la abogacía, porque entonces era una de las prohibiciones que tenían las mujeres, que se levantó en 1910”.
A la defensa del feminismo dedicó María de Maeztu en 1904 su primera conferencia y esta biografía recoge también varios textos en los que reclamó el voto para las mujeres y apoyó a las sufragistas inglesas.
“Hija de inglesa educada en Francia -explica a Efe Lastagaray- recibió de su madre el regalo del francés y el inglés. Aprendió después alemán y recorrió, becada, las escuelas europeas inglesas, belgas y alemanas, acumulando experiencia, que volcó a su regreso a España en la reforma de los métodos de enseñanza y la defensa de la escuela única”.
Estudió Magisterio con Ortega y Gasset, con quien tuvo mucha amistad ,y Filosofía y Letras con Unamuno y conoció también a Azorín y otros intelectuales sobre los que escribió un libro.
Lastagaray ha tenido acceso también a archivos de periódicos, La Prensa de Buenos Aires, en donde vivió María de Maeztu después del exilio, o El Mercurio de Chile, la Hispac Society o la revista Stampa.
La Residencia y el Lyceum Club Femenino, creado en 1926 y presidido también por Maria de Maeztu, con Victoria Kent en la vicepresidencia, se convirtieron en un hervidero de la vida cultural de aquellos años, asegura la historiadora.
Por sus salas pasaron Victoria Kent, María Zambrano, Josefina Carabias, Zenobia Camprubí, Maruja Mallo, Gabriela Mistral, Victoria Ocampo o Clara Campoamor. Y también Ortega y Gasset, Alberti, o Unamuno. Marie Curie se alojó en sus habitaciones en un viaje a España con su hija, como también hicieron otras personalidades.
Después de los intensos años de la Residencia durante la República, que apoyó la pedagogía, María de Maeztu salió de España en el otoño de 1936, tras ser depuesta como directora y poco antes de que su hermano Ramiro fuese fusilado en una de las sacas de la Cárcel Modelo. Había nacido en Vitoria en 1881 y murió en Mar de Plata, Argentina en 1948.
Cree la sobrina nieta de María de Maeztu, que ésta fue durante años relegada al olvido, quizá porque se la vinculó a su hermano, perseguido por la República y poco reconocido por el franquismo, a quien siempre estuvo muy unida. “No sé que hacer, a las derechas les huelo a azufre y a las izquierdas les parezco poco revolucionaria”, cuenta que dejó escrito en una de las cartas.
Hoy está felizmente recuperada, dice, y cita el libro de Isabel Perez Villanueva, “María de Maeztu: una mujer en el reformismo educativo español”.

por Concha Tejedor




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