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Ejercicio docente

La formación permanente, una obligación profesional del profesorado

La formación permanente, una obligación profesional del profesorado El uso de la tecnología en las aulas supone uno de los grandes retos para los docentes

Europa valora la formación continua del profesorado como una pieza clave para la mejora de la calidad de la educación. Sin embargo, los docentes no siempre encuentran respuesta a sus verdaderas necesidades.

El Consejo Europeo de Educación, Juventud, Cultura y Deporte considera el Desarrollo Profesional Continuo (DPC) como un proceso esencial para asegurar las competencias de los profesores para el desempeño eficaz de su trabajo en las aulas, y destaca la necesidad de que se actualice en función de los cambios que se producen en el mundo de la enseñanza y el aprendizaje, recuerda la plataforma educativa aulaPlaneta en un análisis comparativo.

Son 28 los sistemas educativos europeos que consideran la formación del profesorado como una obligación profesional, y como tal queda recogida legislativamente, en los contratos laborales o en los convenios colectivos. En Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia, España, Lituania, Portugal y Rumanía la formación permanente del profesorado supone tanto una obligación como un prerrequisito para la promoción profesional y el acceso a aumentos salariales.

En algunos países, la formación se considera indispensable para seguir ejerciendo la docencia. Austria o Bulgaria requieren la participación en un mínimo de actividades para permanecer en la profesión docente o mantener la categoría profesional. Finlandia, Luxemburgo, Hungría, Malta, Portugal y Rumanía tienen un número mínimo de horas que los docentes deben dedicar obligatoriamente a cursos de formación. En Finlandia tienen la obligación y el derecho a dedicar de 1 a 5 días de formación al año con su salario completo.

Promoción y progresión

Los sistemas educativos de 18 países vinculan la formación a la promoción o a un sistema de progresión a niveles profesionales superiores. En nueve sistemas los profesores no pueden progresar profesionalmente si no asisten a actividades de formación específicas. En el resto, la participación en actividades formativas se considera un mérito importante y se valora en la evaluación docente.

Aunque el profesorado se muestra consciente de sus necesidades formativas, no siempre encuentra la oferta que requiere. Según el Informe Eurydice “La profesión docente en Europa” (junio 2015), más de la mitad de los docentes de primer ciclo de Secundaria se sienten preparados para impartir su asignatura pero expresan necesidades de Desarrollo Profesional Continuo (DPC) moderadas o altas en cuanto a enseñanza de alumnos con necesidades especiales, competencias TIC para la docencia, nuevas tecnologías, el aprendizaje individualizado, la enseñanza de habilidades transversales o la orientación y asesoramiento vocacional a los estudiantes.

Sin embargo, en el Informe TALIS los docentes se quejan de que la oferta de actividades de desarrollo profesional que encuentran en sus países no responde a sus verdaderas necesidades, ya que priman las actividades relacionadas con los contenidos de la asignatura o el currículo y, a pesar de que más del 57% expresa una alta o moderada necesidad de mejorar en “docencia a estudiantes con necesidades educativas especiales”, solo un tercio ha podido acceder a actividades formativas en este ámbito.

Evaluación y colaboración

Además de recomendar a los Estados miembros que promuevan una enseñanza y aprendizaje eficaces con medios digitales, la Comisión Europea indica que los profesores deben recibir información sobre su práctica docente y que los países europeos necesitan programas para evaluar las necesidades formativas y ofrecer una formación individualizada. Más de un 13 % de los profesores europeos nunca han sido evaluados, e Italia y España son los países donde pasan menos evaluaciones y controles, de acuerdo con los datos de TALIS.

La Comisión recomienda también enfoques interdisciplinarios y colaborativos, el desarrollo de redes de profesores, junto a la creación de espacios físicos y virtuales para que los docentes puedan colaborar y promover una comunidad escolar participativa. Aunque prevalecen los formatos más tradicionales de formación docente (cursos, talleres, investigaciones y conferencias), las nuevas tecnologías han contribuido a la aparición de otras modalidades como las tutorías, las visitas a otros centros, las redes de docentes o el aprendizaje entre iguales, puntualiza aulaPlaneta.




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Periodista especializada en Educación, Universidad e Investigación.