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Convivencia escolar

Tres etapas críticas de las relaciones sociales en la escuela

Tres etapas críticas de las relaciones sociales en la escuela La participación de todos los alumnos ayuda a resolver los conflictos (Foto: Fomento)

El comienzo de la escolarización a los tres años, el segundo ciclo de Primaria (9-10 años) y la entrada en la ESO (12-13 años) marcan tres periodos críticos en la vida de los escolares, especialmente de aquellos con problemas de socialización.

El aislamiento del grupo, dolores de barriga o de cabeza antes de ir a la escuela, tristeza o baja autoestima son algunas de las consecuencias de la timidez en los estudiantes, algunos de los cuales pueden en cambio mantener actitudes agresivas con sus compañeros, llamar la atención en clase o interferir en la dinámica del grupo, indican los expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

El profesor de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación José Ramón Ubieto apunta a la edad y a los problemas asociados a la persona o al entorno como factores que inciden en las dificultades para la socialización. Así, el ingreso en el colegio a los 3 años supone un cambio de hábitos en el menor, en especial cuando no ha ido a una guardería infantil, ante el que puede presentar síntomas de rechazo a la escolarización y al contacto con los otros alumnos como protesta por el alejamiento de su hábitat más familiar y conocido. En esta etapa, el experto aconseja darse un tiempo para facilitar la adaptación y favorecer la integración, a la vez que recuerda que los docentes tienen suficientes herramientas de trabajo para trabajar estas dificultades, “leves en su mayoría”.

En el segundo ciclo de Primaria, añade el psicólogo, pueden comenzar a producirse episodios de desprecio, acoso escolar o agresiones físicas por parte de otros alumnos, un riesgo ante el que algunos escolares optan por mantenerse a distancia del resto para evitar estas situaciones. Para superar estas dificultades recomienda trabajar con los espacios de tutoría, tanto individuales como grupales, y hacer partícipes a todos los alumnos en la resolución de los conflictos cuando afectan a todo el grupo. En caso de tratarse de un problema más individual, habría que hablar con la familia, sin descartar la participación de otros profesionales como psicopedagogos o psicólogos.

Al empezar la ESO, además del paso de la infancia a la adolescencia, el alumno afronta desde un posible cambio de centro educativo, horarios, compañeros y profesores hasta el hecho de dejar de ser los mayores de la Primaria para convertirse en los pequeños de Secundaria, y surgen los temores ante las situaciones de violencia y la presión por las exigencias académicas. Estas dificultades requieren, en opinión de Ubieto, una detección precoz para evitar tentativas de abandono o absentismo, así como trabajar los aspectos de participación, corresponsabilidad, relación con la familia y trabajo en red.




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Periodista especializada en Educación, Universidad e Investigación.